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Clinton: coqueteando con Asia |
La gira de Hillary Clinton por Asia, la primera en su calidad de secretaria de Estado norteamericana, pone de manifiesto nuevos acentos en la política exterior de Washington.
Durante cerca de 50 años, el primer viaje de un nuevo ministro de Relaciones Exteriores estadounidense siempre tuvo por destino Europa o el Cercano Oriente. Hillary Clinton hizo algo diferente. Ella atravesó el Pacífico. Y sorprendió así incluso a sus anfitriones. Tokio, la primera escala, recibió consuelo por haber sido descuidado en la era Bush. Clinton aseguró a sus anfitriones que Japón es una pieza central de la política exterior de Estados Unidos. Además, llevó en su equipaje un regalo especial para el jefe de Gobierno nipón, Taro Aso: él será el primer gobernante extranjero en visitar la Casa Blanca de Obama.
La gira de la jefa de la diplomacia estadounidense estuvo diseñada como una ofensiva de simpatía. En Japón y Corea del Sur se remitió a la tradicionalmente estrecha cooperación, también en materia de seguridad. Indonesia fue una escala de particular significado simbólico. Por una parte, se trata de la mayor nación musulmana del mundo. Por otra, en los últimos 10 años tras el término de la dictadura de Suharto se ha desarrollado en el país una democracia viva. Hillary Clinton se tomó allí el tiempo necesario para aparecer en público. Por ejemplo, se la pudo ver por televisión en un popular programa juvenil. El mensaje: Estados Unidos quiere conquistar socios y amigos.
La superpotencia estadounidense apuesta pues por el “soft power” o, como dice Clinton, por el “smart power”. La concentración única de los años de Bush en la guerra de Irak y la lucha contra el terrorismo ha quedado atrás. Ahora se trata de los grandes problemas del mundo: la crisis económica y su origen en Estados Unidos figuró, de todos modos, en primer plano, en cada estación de esta gira por Asia. Clinton también demostró que la Casa Blanca ha recapacitado ahora en cuanto a la protección del medio ambiente, incluyendo en su delegación al encargado de la protección climática, Todd Stern. Y también el tema de la proliferación de armas nucleares se abordó ampliamente en Tokio, Seúl y Pekín, en vista del programa atómico norcoreano.
Pekín fue, sin duda, la estación más difícil de la gira. Anteriormente, ambas partes se habían lanzado mutuamente duras recriminaciones en materias económicas. Los nervios estadounidenses no están de punta sólo desde mediados de febrero, cuando se dieron a conocer los nuevos datos sobre el comercio exterior. De acuerdo con ellos, el déficit comercial de Estados Unidos con respecto a China aumentó el último año a 266.000 millones de dólares. Nunca un país había tenido un déficit de tal magnitud frente a otro. El nuevo ministro de Finanzas estadounidense, Timothy Geithner, ya había reprochado previamente a China mantener su moneda a bajo precio de forma artificial, para favorecer sus exportaciones. China replicó criticando tendencias proteccionistas en el programa estadounidense de 800.000 millones de dólares dirigido a reactivar la coyuntura.
Hillary Clinton se esforzó por aplacar los ánimos. Afirmó ante el primer ministro Wen Jiabao que todos están en el mismo bote. Y, en efecto, intentó conseguir más dinero chino. Ya en la actualidad, China es el país que posee más bonos estatales estadounidenses: unos 600.000 millones de dólares. Para Estados Unidos sería una pesadilla si China dejara de comprar más bonos justamente ahora. O, peor aún, si lanzara sus bonos estadounidenses al mercado.
Esto permite aquilatar cuánto se han desplazado las fuerzas en el mundo durante los últimos años. Por eso, la cooperación con China y las simpatías de Pekín son valiosas para Clinton.
Por la “nueva era” en las relaciones bilaterales anunciada por la secretaria de Estado norteamericana, tiene que pagar también el precio de hacer grandes concesiones en lo tocante a sus propios valores. Según dijo Clinton en Pekín, los derechos humanos, el Tíbet o Taiwán no deben obstaculizar las discusiones sobre seguridad, la crisis económica y el cambio climático. Los obstáculos, sin embargo, no provienen de Occidente. China es la que reacciona en forma paranoica y tiene problemas con las críticas. Durante la visita de Clinton, una vez más una serie de defensores de los derechos humanos fueron sometidos a arresto domiciliario o a una vigilancia más intensa que la habitual.
(continue)
Matthias von Hein

Etiquetas: conocimiento, inteligencia, medios, monopolios, multitud, politica.
En la época de profundización de la interdependencia en la globalización, la extensión de la necesidad de seguridad y la ampliación del ámbito de coopeación ha hecho a EEUU prestar importancia a más amplios intereses estatales y colaborar más con los países no socios. En realidad, la alianza militar no es capaz de enfretarse a los nuevos problemas tales como la crisis financiera, el ahorro de energéticos y disminución de emisiones contaminantes, el calentamiento climático y la empidemia, y es necesario que la humanidad aune sus esfuerzos para hacer frente a las nuevas amenazas no tradicionales.
Como han hecho la administración de Bush y la de Bill Clinton, el gobierno de Obama se ve obligado a colaborar de manera pragmática e integral con los grandes países resurgidos tal como China, que pueden cooperarse de la manera más efectiva con él. En su visita a China Hillary Clinton reiteró la importancia de mancomunar los esfuerzos con China, elevar el nivel del mecanismo de diálogo estratégico y económico con ella, incrementar los intercambios de opiniones y consultas referidas a la crisis financiera internacional y contribuir a lograr resultados fructíferos en la Cumbre del G20 de Londres. Lo que ha atraído la atención de la gente consiste en que Clinton mostró el reconocimiento de la confianza de China en los bonos del Tesoro estadounidenses y que expresó su deseo de colaborar en gran margen con China en la protección medioambiental.
Consciente de que China es una colaboradora indispensable para estabilizar conjuntamente el mundo y promover su desarrollo, la jefa de diplomacia intenta recurrir al “Smart Power” para gestionar la diplomacia en Asia, abandonar el unilateralismo de Bush y buscar ampliar los intereses estadounidenses en los amplios contactos cultural y económico con la región. Con su visita a Indonesia mostró su postura admistosa al país donde vivió el presidente Obama en los años de su adolescencia, y su intento de estrechar las relaciones de cooperación con el país musulmán, ampliar a través de Indonesia la colaboración con la ANSEA, y mejorar la imagen de EEUU en el mundo musulman al continuar la lucha antiterrorista.
Clinton visitó los países del Este Asiático con una postura de costesía, pero para EEUU no es fácil lograr hacer realidad su deseo. No ha presentado nuevos planes para resolver el problema nuclear coreano. Es difícil convencer a la República Popular Demorática de Corea solo con el plan de la deshabilitación nuclear a cambio de la paz, ni lo logrará con la amenaza de interceptar los satélites artificiales coreanos e impedir el lanzamiento de sus misiles telegirigidos. Además EEUU no está competente para asumir la responsabilidad por las consecuencias que de ello se deriven. Es obvio que EEUU no puede resolver los múltiples problemas difíciles apoyándose en sus propios esfuerzos, razón por la que se ve obligado a buscar la cooperación internacional.
(Pueblo en Línea)
Pareciera que Obama ha decidido conectarse más a las cuatro principales potencias geoeconómicas de la región asiática, en detrimento de Europa que se ha fracturado en su abordaje a Rusia.
En la línea de Henry Kissinger, ex Secretario de Estado del Partido Republicano (ver Bajo la Lupa; 18.1.09), en su nuevo abordaje geoestratégico que parece ser bipartidista, Obama ha optado por un acercamiento mayor a las cuatro principales potencias geoeconómicas de Asia Oriental: China, Japón, Sudcorea e Indonesia que ostenta singularidades estratégicas remarcables.
China, Japón y Sudcorea constituyen las principales economías del Noreste asiático.
De dos cosas una: o bien la administración Obama ha perdido la paciencia con sus alianzas europeas (lo cual se demostró fehacientemente en la fracasada cumbre de la OTAN en Cracovia; Stratfor 20.02.09), o, de plano, ha entendido que el poderoso eje energético-económico entre Rusia y Alemania (al que se ha sumado Francia) es ya a estas alturas inextricable.
De allí quizá nazca la mayor inclinación de la administración Obama a la región asiática oriental, proyectada, de acuerdo a las tendencias, a convertirse en el nuevo centro de gravedad geoeconómica del planeta.
A nuestro humilde entender, las visitas a los cuatro países de Asia oriental son de corte eminentemente geoeconómico y geofinanciero (cuando la liquidez se ha vuelto emperatriz).
Expliquémonos: si sumamos el PIB, medido por el “Poder de Paridad de Compra” (de acuerdo a datos de la CIA), de los cuatro países visitados, China detenta US$ 7.8 trillones (en anglosajón: un millón de millones), tercer lugar mundial; Japón US$ 4.5 trillones/ cuarto lugar): Sudcorea US$ 1.3 trillones/ lugar 15): e Indonesia US$ 932,100 millones (lugar 16), lo cual arroja un total de US$ 14.53 trillones, los cuales representan un poco menos que el PIB de la Unión Europea (UE) con US$ 14.96 trillones (primer lugar mundial), y de EU con US$ 14.58 trillones (segundo lugar mundial).
Los cuatro países visitados constituirían así el tercer PIB mundial vistos en forma conjunta y estarían a punto de alcanzar a EU y rebasar a la UE.
En el ámbito geofinanciero, cabe destacar las reservas de divisas de los cuatro países visitados quienes del total mundial de US$ 7.34 trillones, China ostenta el primer lugar (US$ 2 trillones; 27% global), Japón US$ 1 trillón (segundo lugar), Sudcorea US$ 201,200 millones (sexto lugar), e Indonesia US$ 50,191 millones (lugar 25).
Los visitados arrojan un total de US$ 3.25 trillones, es decir, el 44% de las reservas mundiales.
Si a esta cifra azorante le agregamos las reservas de divisas de la totalidad de lo que hemos bautizado como el “circuito étnico chino” (que agrupa a la misma China, además de Hong Kong, Macao, Taiwán y Singapur), entonces, Hillary se encontró ante al 53% de las reservas mundiales, en comparación a las patéticas reservas de EU por US$ 71,245 millones (la UE padece similar penuria).
Cabe puntualizar las reservas de divisas dentro del “circuito étnico chino” de Taiwán US$ 292,676 millones, Hong Kong US$ 181,700 millones, Singapur US$ 165,677 millones y Macao US$ 15,930 millones.
Se puede sintetizar con “datos duros” que la vista de Hillary en medio de la peor crisis económica y financiera de EU, fue primordialmente tanto de corte geoeconómico como geofinanciero. En este contexto es probable que la otrora superpotencia unipolar busque el respaldo, si no la complementariedad, de sus anfitriones.
También se traslucen consideraciones geopolíticas, aunque más limitadas en sus alcances: reforzamiento de los vínculos con Japón (que vive una grave declinación económica y el inicio de una recomposición política); el arreglo negociado de la península coreana donde EU posee en Sudcorea una importante presencia militar frente a la nuclearización de Norcorea; y el apuntalamiento a Indonesia, relevante potencia en hidrocarburos y miembro de la OPEP.
Indonesia se cuece aparte: cuenta con la mayor población islámica del mundo (86% de musulmanes de sus casi 240 millones de habitantes; según el censo ya muy atrasado del 2000; ahora deben ser mucho más) y, sobretodo, controla una de las costas marítimas del superestratégico Estrecho de Málaca (la otra pertenece a Malasia).
El Estrecho de Málaca constituye uno de los corredores marítimos más importantes del mundo que conecta las economías de India, China, Japón y Sudcorea, y por donde se transporta la cuarta parte de las mercancías en los mares del planeta (que incluyen al petróleo).
Más allá del aspecto emocional y simbólico de Indonesia, donde Obama pasó su adolescencia,el archipiélago islámico se encuentra situado estratégicamente en una línea horizontal que separa al Océano Índico del Océano Pacífico.
Pese a constituir una de las joyas emergentes del bloque de naciones del Sudeste asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés), Indonesia exhibe preocupantes vulnerabilidades: deuda del 30% de su PIB; una perturbadora pobreza; y una elevada facturación por la importación de alimentos. Otra fragilidad radica en su subdesarrollo financiero. De allí que no haya sido gratuita su solicitud a EU, en vísperas de la visita Clinton, de una cobertura de protección de divisas a través del mecanismo “SWAP” (Stratfor 20.2.09).
Los “SWAPS“ consisten en transacciones entre dos bancos centrales que intercambian sus divisas a una tasa estipulada de cambio, pagadera posteriormente.
EU ha realizado recientemente transacciones “SWAP“ por US$ 500,000 millones a 14 bancos centrales (entre ellos el desfondado Banco de México, pésimamente manejado por Ortiz Martínez).
¿Quién va a pagar los “SWAPS” que alegremente ha emitido EU?
Indonesia dispone ya de “acuerdos SWAP“ con Japón, China y Sudcorea por un total de US$ 12,000 millones, lo cual es una miseria frente a la dimensión de su deuda y su PIB.
Lo grave es que EU no dispone de las reservas convenientes (30% superiores a las del archipiélago islámico), por lo que Washington necesita de similar respaldo monetario como Indonesia. No es lo mismo que China y Japón emitan “SWAPS”, plenamente avalados, a que lo haga el insolvente EU.
De las cuatro visitas, la más estelar fue la de China, la cual requiere de una profundización especial.
Según informó la agencia Associated Press, un portavoz de “Amnistía Internacional” mostró “consternación y extrema decepción” al respecto, y dijo que “Hillary socavará los futuros esfuerzos norteamericanos por defender los derechos humanos en China”.
Primero la economía y después los derechos humanos
Tras su llegada al Aeropuerto La Capital de Beijing el 20 por la noche, Hillary Clinton dijo a los periodistas:
“Espero que los problemas sobre los derechos humanos, Taiwan y el Tíbet no constituyan estorbos para la solución de otros problemas más amplios”.
Señaló que durante su visita a China, no pondría énfasis en problemas como los de Taiwan y Tíbet, de lo contrario, podría socavar los esfuerzos hechos para enfrentar la crisis económica global.
El día 21, Hillary Clinton manifestó en su conversación con el canciller chino Yang Jiechi que Estados Unidos presta atención al problema de los derechos humanos en China, pero acto seguido, desvió el tema hacia otro diciendo:
“No obstante, los derechos humanos no podrán cambiar la crisis económica global, la crisis medioambiental ni la crisis de seguridad en la actualidad”.
El día 22, en una conversación de una hora sostenida con representantes de las mujeres, Hilarry Clinton no mencionó en absoluto el problema de los derechos humanos.
Esta es una circunstancia y aquélla era otra. Antes de asumir el cargo de secretaria de Estado, la impresión que dejaba Hillary Clinton era una actitud dura ante el problema de los derechos humanos en China.
En 1995, cuando vino a Beijing, en calidad de primera dama de EEUU, a asistir al Congreso Mundial de Mujeres, criticó duro los registros de los derechos humanos en China.
Más tarde, siendo senadora, reprochó en varias ocasiones los derechos humanos en China e incluso exhortó por esto a Bush a boicotear la ceremonia de apertura de la Olimpiada de Beijing.
El cambio de la actitud de Hillary Clinton estremeció a Occidente.
La revista norteamericana “Time” consideró que el problema de los derechos humanos ha sido siempre fuente de fricciones entre China y Estados Unidos, de modo que Hillary Clinton está eludiendo este tipo de temas fuertemente influyentes en las relaciones chino-norteamericanas y EEUU adoptará una política más suave de diálogo hacia China.
La “Voz de Alemania” sostuvo que Estados Unidos está dispuesto a fortalecer su cooperación con China y el problema de los derechos humanos ha pasado a un lugar secundario.
El diario británico “The Daily Telegraph” apuntó que Hillary Clinton manifestó a China que “el problema de los derechos humanos es menos importante que la recuperación económica”.
Más vale la cooperación que las divergencias
La expedita visita de Hillary Clinton a China muestra que las relaciones China-EEUU, a diferencia de las pasadas “conflictivas primero” y “de cooperación más tarde”, han logrado un comienzo expedito en el más corto tiempo posible.
La “Voz de América” dijo que “las relaciones bilaterales (estadounidense-chinas) están caminando de la confrontación desde hace tiempo hacia una cooperación práctica”.
El diario singapurense “The Straits Times” sostuvo que se trata de una “nueva época” para las relaciones chino-norteamericanas.
El hecho de que el problema de los derechos humanos haya sido retirado del punto focal de una conversación de alto nivel entre China y EEUU muestra que la palanca de interinfluencia chino-norteamericana ha adquirido un cambio esencial.
En la actualidad, la demanda norteamericana de China se ha elevado; por la crisis financiera, el cambio climático, el problema nuclear coreano, el problema de Afganistán y otros temas, ninguno de éstos podrá separarse del apoyo y comprensión de China, de manera que EEUU no podrá ser tan duro como antes.
Al mismo tiempo, el entrelazamiento de los intereses esenciales de China y EEUU se ve cada vez mayor; los asuntos regionales, multilaterales y globales de diferentes niveles podrán ser resueltos sólo con la cooperación de los dos países; en comparación con la cooperación entre los dos grandes países, el problema de los derechos humanos deja naturalmente de ser importante.
A criterio del profesor Xiong Zhiyong del Instituto de Diplomacia, la actitud manifestada por Hillary Clinton en esta ocasión es realista, es una opción acertada de la política norteamericana hacia China, lo que merece la imitación por parte de otros países occidentales.
(Pueblo en Línea)
La primera opción de Obama para el cargo de secretario de Comercio fue el gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, quien retiró su nombramiento debido a su vinculación con un caso de corrupción bajo investigación.
El segundo nominado, el senador republicano Judd Gregg de New Hampshire, también se retiró pues afirmó que tenía "conflictos insuperables" con el prresidente en relación con algunas políticas claves.
Nacido en 1950 en Seattle, Locke es un estadounidense de tercera generación cuya familia llegó al país desde Taishan, en la provincia china de Guangdong.
Locke obtuvo la licenciatura en ciencias políticas por la Universidad de Yale y un título universitario en derecho en la Universidad de Boston.
Locke, un demócrata, inició su carrera política en 1982 cuando fue elegido para la Cámara de Representantes de Washington. En 1996 ganó las elecciones de gobernador y se convirtió en el primer gobernador de origen chino de Estados Unidos.
Aunque era considerado como una estrella en ascenso por el Partido Demócrata, Locke anunció en el 2003 que no buscaría un tercer periodo como gobernador pues deseaba dedicar más tiempo a su familia.
(Xinhua)
Resulta más sencillo definir la esperada doctrina Obama en forma antitética a la superbélica doctrina Bush, que aceleró la decadencia de Estados Unidos.
Es muy probable que China, un país que no se cuece al primer hervor, haya solicitado a Hillary puntualizaciones sobre la política multidimensional de la nueva administración, cuyo secretario del Tesoro, Timothy Geithner, increpó la manipulación financiera del yuan.
En su etapa de candidata presidencial, Hillary mostró ambigüedades de confrontación y cooperación respecto de China: por un lado, temía el destino de la seguridad nacional de Estados Unidos, cada vez más dependiente de los financiamientos asiáticos (en particular, de China) para sus colosales déficit y deudas; por otro, de- seaba establecer con China la más importante relación bilateral en el mundo del siglo XXI (Zhao Yi, Xinhua, 22.2.09).
El vandalismo financiero global, simbolizado por Geithner, que en su estado cadavérico todavía se atreve a la confrontación, ha sido eclipsado por la cooperación con China expresada por Hillary.
Cabe señalar que Geithner, anterior gobernador de la Reserva Federal de Nueva York, es tan corresponsable, aunque menos expuesto públicamente, que el locuaz Alan Greenspan y el inepto Hank Paulson (su antecesor en la Secretaría del Tesoro), para citar a los más conspicuos del tsunami global, pero, en realidad, es todo el sistema financiero de Wall Street y la City el que se encuentra en la picota: desde sus calificadoras, pasando por sus empresas contables, hasta sus multimedia especializados en la mendacidad global. En el sistema financiero anglosajón, consustancialmente mafioso, resulta asombroso su grado de inimputabilidad.
Pekín no suelta prenda respecto de Taiwán, y el comentarista Zhao Yi coloca en relieve la adhesión de Hillary al reconocimiento del gobierno chino continental como el único representante legal de todas las Chinas, en el espíritu y la letra del Comunicado conjunto sino-estadunidense del 17 de agosto de 1982.
A nuestro humilde entender, lo peor que puede hacer Taiwán (ahora de capa caída y sin Baby Bush en medio) es volver a caer en las garras y guerras de los numerosos halcones de Estados Unidos.
Hillary dejó esta vez de lado el asunto de los derechos humanos, que Estados Unidos suele practicar en forma unilateral, discrecional y farisea (v.gr. para no irnos tan lejos: la Casa Blanca cerró los ojos a las atrocidades en Acteal y Aguas Blancas de Zedillo, instrumento financiero de Wall Street).
La cooperación (tongzhou gongji fue el adagio chino que Hillary usó: atravesar tranquilamente el río en el mismo barco) puede llegar a ser significativa sobre la crisis económica global, el cambio climático y las amenazas a la seguridad.
En la delicada coyuntura presente, ¿anhelará China subirse al mismo barco con Estados Unidos? Si se trata de un barco estadounidense, al estilo del Titanic, seguramente no lo hará, pero si es un barco neutral (mejor si es chino) no existe impedimento alguno para que ejerza su legendario pragmatismo.
Alfredo Jalife-Rahme
El inapelable dictamen geoestratégico es proferido dos días después del periplo asiático y de la visita a China de Hillary Clinton, la poderosa secretaria de Estado de la administración Obama.
China solía expresar usualmente, con mayor preferencia junto a Rusia (en especial durante las cumbres del Grupo de Shanghai), su anhelo por un nuevo orden multipolar, en el contexto de un planeta más armónico, propio de su cosmogonía, pero, hasta donde hemos detectado, nunca habían atravesado el Rubicón semántico hasta llegar a sentenciar tanto el fin de la hegemonía de Estados Unidos como el advenimiento del nuevo orden multipolar, por cierto, dicho sea con humildad de rigor, dos tesis ya muy vistas de Bajo la Lupa desde hace por lo menos seis años, y asentadas en nuestros recientes dos libros premonitorios Fin de una era (Editorial del Zorzal, Buenos Aires, 2007) y Hacia la desglobalización (Editorial Jorale, México, 2007).
El artículo de Li Hongmei es relevantemente estratégico por el lugar de su edición (China), sus vínculos gubernamentales y su fecha: dos días después de la visita de Hillary y prácticamente un mes antes de la cumbre del G-20 el 2 de abril en Londres, que representa la última oportunidad para que básicamente el G-7 y el BRIC (Brasil, Rusia, India y China), primero, limiten los daños de la hecatombe tanto del dolarcentrismo unipolar como de la hegemonía anglosajona del putrefacto sistema financiero internacional hecho pedazos y, luego, rehagan el mundo conforme a la nueva realidad multipolar geopolítica y geoeconómica.
El autor chino ha de poseer mejores y mayores datos, que seguramente detectaron y/o reafirmaron las autoridades durante la visita de Hillary, que las muy simplistas dos gráficas contrastantes que cita del FMI –cuando en el lapso de cinco años Estados Unidos declina a 25 por ciento del PIB global, mientras las economías emergentes surgen a 32 por ciento en 2008– para emitir una sentencia tan perentoriamente definitiva sobre la caída unipolar de Estados Unidos y el ascenso multipolar, cuyo diagnóstico es más contundente con el abordaje multidimensional (geopolítico, geoeconómico, geofinanciero y geoenergético).
Según las dos gráficas del FMI, en cinco años el porcentaje del PIB global de Estados Unidos se desplomó 7 por ciento, al pasar de 32 a 25 por ciento.
¡Y lo que falta!
A lo que hace eco Li Hongmei:
“si la ‘reversión dramática’ de Estados Unidos ‘ocurrió en cinco años’, ¿cuánto más cambiará en los próximos cinco o 10 años?”
Como aportación complementaria de Bajo la Lupa al autor chino, del 32 por ciento del PIB global de las economías emergentes, 13 por ciento, un poco menos de la tercera parte, pertenece al BRIC. Por alguna razón escamotea que la Unión Europea (UE) ostenta 31 por ciento del PIB global, 6 por ciento por encima de Estados Unidos. Más allá del BRIC, ¿como definirá Li Hongmei a las economías emergentes que han rebasado a Estados Unidos y a la UE?
El autor chino cita un extracto del artículo Despidiendo la hegemonía de Parag Khanna en un suplemento sabatino de The New York Times:
“Ahora competimos –y perdemos– en un mercado (sic) geopolítico con las otras superpotencias mundiales: la UE y China”.
¿Dónde dejaron a Rusia, India y Brasil?
Es patético el ultrarreduccionismo que practica Estados Unidos, que intenta eclipsar la realidad mediante su perturbadora negación mental.
Li Hongmei conjetura que Estados Unidos hubiera sido el rey de la colina de la unipolaridad de no haber sido golpeado por los ataques terroristas del 11/9.
La guerra contra el terrorismo global, que siempre expusimos como un montaje hollywoodense, fue interpretada por la comunidad internacional como un camuflaje (¡súper-sic!) usado (sic) por Estados Unidos para ocultar su intención de recuperar su monopolio sobre el globo entero.
Esta es la aseveración más severa de Li Hongmei, quien deja entrever muchas cosas detrás del camuflaje de la guerra contra el terror global que los neoconservadores straussianos, muy cercanos a Israel, le endosaron demencialmente al Islam.
Fustiga sin piedad al típico sistema financiero capitalista liberal de Estados Unidos cuando la hegemonía de Estados Unidos se encuentra al borde (sic) del colapso.
¿Al borde?
Aduce que:
“hoy, por primera vez en la historia, la competencia (nota: no la delirante competitividad economicista) es global, multicivilizatoria y multipolar, con una exhibición de poder inteligente. Para ser el vencedor, se debe buscar más la cooperación que la confrontación”.
¿Podrá transformar Estados Unidos su sique consustancialmente bélica?
Estados Unidos no es más el rey de la colina conforme la nueva fase de la estructura de poder mundial multipolar se asienta en 2009 y el orden internacional sea reajustado en forma correspondiente.
Reconoce que en estos momentos la estructura del poder internacional es todavía indiscernible (sic), cuando Irán ha emergido como potencia regional; Latinoamérica redobla sus esfuerzos para liberarse de la órbita de EU y la UE no puede proseguir su expansión, y cuyos tres principales jugadores, Gran Bretaña, Alemania y Francia, exhiben su propio declive económico.
En referencia a Rusia señala que enfrenta una ardua tarea para reducir su pesada dependencia en sus exportaciones gaseras y en reconstruir una propia industria manufacturera moderna. Con todo respeto a Li Hongmei, pero los problemas de Rusia no son los señalados, sino otros (v.gr. su demografía declinante y su subdesarrollo financiero; al contrario, el gas ha sido su bendición y el asunto manufacturero, para una superpotencia tecnológica, tampoco es una ardua tarea).
Expone en forma muy optimista el prodigioso ascenso de China como nuevo jugador superpesado, pero oculta sus conspicuas vulnerabilidades.
A nuestro juicio, es probable que el incipiente orden multipolar se deba más a las vulnerabilidades (v.gr. materias primas; en particular, los hidrocarburos) que a las complementariedades (v.gr. el espejismo exportador, con o sin valor agregado) cuando, desde el punto de vista multidimensional (nuclear, geoeconómico, geofinanciero y geoenergético), ninguna de las nuevas y añejas superpotencias (Estados Unidos, UE, BRIC y hasta Japón) es autosuficiente.
En paralelo y sincronía al declive de Estados Unidos, el México neoliberal, con los disfuncionales panistas Fox y Calderón, se desplomó seis lugares en ocho años al pasar su PIB del noveno al decimoquinto del ranking mundial (¡más lo que sigue!). Es notorio el suicidio neoliberal de México al haber ligado su suerte a la unipolaridad de Estados Unidos, lo que resalta más cuando el restante de las economías emergentes creció vigorosamente en el mismo lapso.
Lo que no alcanza a entender el hilarante Congreso mexicano, con todo y sus cartuchos quemados invitados al delirante debate (sic) ¿Qué hacer (¡súper-sic!) para crecer (sic)?
Está bien que Gamboa Patrón no entienda nada, pero ¿no son, acaso,economistas Beltrones y Labastida, quienes hacen y deshacen en el Congreso, en particular cuando entregaron insensatamente el petróleo de las aguas profundas del Golfo de México, lo cual demostramos en nuestro libro por salir La desnacionalización de Pemex, que cuenta con el invaluable prólogo de Andrés Manuel López Obrador?
Alfredo Jalife-Rahme
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